Desierto de la Tatacoa: experiencia multisensorial

Y bien, no podríamos dejar terminar el 2018 sin darnos unos días de relax y escaparnos de la ciudad. Para esto, tan pronto iniciaron nuestras vacaciones, mi esposa y yo decidimos viajar al departamento del Huila y hoy, les contaremos la primera parte de esta experiencia que inicia en el Desierto de la Tatacoa.

¿Cómo llegar al Desierto de la Tatacoa?

Unos días antes revisamos blogs, videos en YouTube y algunos artículos en periódicos para darnos una idea de cómo sería nuestro destino y planear el itinerario. Con esto, iniciamos reservando nuestros tiquetes hacia Neiva, capital del Huila, mediante la aplicación Red Bus. Pese a no disponer de todas las empresas de transporte terrestre que prestan su servicio hacia nuestro destino, sí encontramos unas buenas tarifas, gran oferta de horarios de salida y diversas experiencias de viaje que se pueden ajustar a los presupuestos.

Nosotros optamos por viajar a la media noche en un bus equipado con pantallas en cada silla, cobija, almohada, un pequeño snack durante el viaje y espacio amplio entre las sillas por un valor de 55.000 pesos por pasajero. Aprovechando la oportunidad, puedo decir que la aplicación es un 85% accesible mediante lector de pantalla, siendo un poco difícil elegir los asientos libres y terminar el pago debido a las gráficas que emplean.

Tras unas seis horas de viaje desde Bogotá hasta Neiva por una excelente carretera, llegamos a la terminal y esperamos una van que nos llevó hasta el pueblo de Villa Vieja (pueblo más cercano al desierto de la Tatacoa), el cual tuvo un costo de 8.000 pesos por pasajero y tardó unos 40 minutos en su recorrido. De entrada, me llevé una impresión de ser un pueblo tranquilo, con algunas calles pavimentadas y una economía que gira en torno al turismo, hostelería y gastronomía basada en la Chulupa (fruta que se cultiva en este sector) y el chivo.

Desayunamos hacia las 8 de la mañana en un pequeño restaurante a dos cuadras del parque principal, el cual tuvo un valor de 8.000 pesos e incluía caldo, huevos fritos o batidos, arepa blanca, arroz y café. Mientras caminábamos hacia el restaurante, se nos acercaron ofreciéndonos desplazamiento y tures hacia el de cierto, por lo que no se debe preocupar por reservar esto desde Bogotá o lugar de origen.

Existen dos formas de trasportarse de Villa Vieja al desierto de la Tatacoa: en mototaxi (con capacidad para un pasajero) o en una especie de taxi para dos personas que están adecuados con un motor de motocicleta, los cuales tienen la ventaja de ir cubiertos y con un compartimiento para el equipaje en la parte de atrás. Nosotros optamos por la primera opción, yo con algo de nervios al ser la primera vez en subirme a una moto… lo cual resultó emocionante al sentir la velocidad, el aire en la cara y la frescura que esta daba mientras iba subiendo la temperatura.

No sé cuánto duró el recorrido hasta el desierto, tal vez por los nervios de pensar en que íbamos a caer o por tomarme adecuadamente de quien piloteaba la moto y no estrujarlo en cada frenada o bache a lo largo del camino pero, creo que no fueron más de 15 minutos.

Actividades y alimentación en el Desierto de la Tatacoa:

Las dos personas que nos llevaron hacia el desierto eran guías turísticos, los cuales nos recomendaron el hostal “La Tranquilidad”, en mitad del desierto y frente a uno de los dos observatorios que existen allí. En esta ranchería puede acampar por 6.000 pesos, dormir en hamaca por 4.000 pesos o pasar la noche en una pequeña habitación con cama doble, baño privado y un ventilador por 50.000 pesos la noche.

Existen otras opciones de hospedaje a lo largo del desierto de la Tatacoa, las cuales se ajustan a los diferentes presupuestos: desde hostales con diferentes servicios hasta eco-hoteles de lujo todo incluido. La mayoría de estos quizá no aparecen en booking, por lo que en Villa Vieja le podrán recomendar alguno o a lo largo de la carretera que atraviesa el desierto podrá elegir el que más le atraiga. Como curiosidad, todas las casas o lugares de hospedaje funcionan con energía solar, dado que allí no existe red eléctrica convencional, así que no trate de llegar y cargar su celular, dado que la potencia no alcanzará.

Imágenes de la zona roja del desierto con algunas variedades de cactus
Tras refrescarnos un poco, los guías nos hicieron un tur básico por el desierto. Primero fuimos a la zona roja o Cusco, donde la superficie del suelo es naranja o rojizo, un poco pedregosa o áspera al tacto (lo sé de primera mano porque iniciando el recorrido resbalé en una pequeña bajada), con pequeños arbustos y unas 8 especies diferentes de cactus. A lo largo del recorrido el guía nos llevó por una de las rutas más fáciles de caminar, contándonos un poco sobre la historia geológica del lugar, como fue formándose este territorio y contándonos anécdotas sobre algunas películas o programas de televisión que se han grabado allí. Importante llevar suficiente agua para hidratarse porque la temperatura va subiendo progresivamente, un buen gorro, bloqueador solar, buen calzado y ropa fresca.

Zona gris del desierto en la que se ve la piscina natural y el punto conocido como un encuentro de los fantasmas
Ya hacia las 11 de la mañana subimos a las motos nuevamente, ya con menos preocupación y disfrutando de un recorrido de unos 20 minutos hacia la zona gris del desierto. Allí la superficie era un poco más suave, arenosa y más húmeda, encontrando sectores con brotes de agua. Me encantó un sector llamado encuentro de los fantasmas, en el que las formaciones rocosas y montículos arenosos aparentan la escultura de fantasmas bordando el camino en mitad del desierto. A lo largo del recorrido el guía nos contó un poco de la fauna y flora de lugar, nos indicó otras formaciones rocosas con formas que se asemejan a una iglesia, a otros animales o fósiles.

Al final de la caminata, llegamos a un lugar en el que brota agua y que han convertido en una piscina en medio del desierto. Pese a lo que esto pueda suponer, es un oasis tras 2 horas de caminata y subiendo el termómetro a casi los 38 grados centígrados. Tuvo un valor de 8.000 pesos por persona y puedes encontrar tres piscinas, zona de baños, duchas, sanitarios y bebidas.

De regreso al hostal, cansados, abochornados y con hambre, decidimos dormir un par de horas y luego almorzar. Como percepción personal no abundan las verduras, tal vez sea lógica la razón. En el lugar nos ofrecieron sopa de cebada, arroz, tajada de maduro, un poco de ensalada, proteína (carne de cerdo, pollo o chivo) y un refrescante baso de limonada de panela, todo preparado por los dueños del lugar. Sin embargo, si desea otro tipo de opciones, junto a la tienda de recordatorios, a escasos 30 pasos, encontrará un lugar en el que venden hamburguesas, helados, malteadas y similares.

Tras reposar el almuerzo decidimos aventurarnos a explorar el sector del desierto conocido como cusco o zona roja con el deseo de ver el atardecer. Fue una tranquila caminata hasta que decidimos salirnos un poco del camino demarcado y subir a una pequeña elevación. La vista allí arriba era fenomenal, desde donde se escuchaban aves, chivos y vehículos a la distancia. Después de tomar algunas fotos y tomar un respiro, intentamos bajar, pero tardamos más de 25 minutos en encontrar el caminito por el que subimos, Algo angustiante dado que ya caía la noche y nos habían dicho que a esa hora empezaban a salir serpientes y animales propios de la región.

Foto del atardecer en el desierto tomadas desde un montículo al interior de la zona roja.
Al terminar el recorrido disfrutamos de un hermoso atardecer color naranja que contrastaba con una luna llena que brillaba desde las 5 de la tarde en el despejado cielo que nos acompañó durante todo el día y tuvimos que sacar algunos chuzos o púas (no sé cómo se diga) de los cactus que se nos enterraron en las chanclas mientras bajábamos del lugar en el que nos perdimos.

Fotografía de la luna tomada en el observatorio a las 8 de la noche caminamos unos 20 metros desde el hostal hasta el observatorio, en el que todos los días realizan actividades astronómicas para los visitantes. Allí se pagan 10.000 pesos por el ingreso de cada persona y la actividad inicia observando por 5 telescopios diferentes objetos en el cielo (dependiendo de la temporada del año se pueden ver determinados planetas, estrellas o constelaciones). Personalmente yo solo veía puntos brillantes en las pequeñas miras de los telescopios, pero quienes si ven se asombraban de ver tan claramente una estrella binaria, a marte, la luna y otros objetos. Allí permiten tomar una fotografía con el celular a la luna desde uno de los telescopios y finalmente nos dieron una charla acostados mirando hacia el cielo del desierto en la que nos dieron algunas nociones básicas sobre cómo se puede leer el cielo para realizar actividades de observación astronómica.

Fotos del amanecer desde la ranchería en la zona roja del desierto de la Tatacoa.
Al siguiente día decidimos levantarnos a las 5 de la mañana para poder observar algunas estrellas, dado que por la época en la que estuvimos sólo se podían ver a esa hora, según el instructor del observatorio. Allí estuvimos hasta el amanecer y presenciamos el nacimiento del sol en ese nuevo día. Naturalmente le dimos un banquete a los mosquitos, dado que salimos casi sin ropa del calor que teníamos, lo que nos hizo que los recordáramos más de 8 días mientras nos rascábamos pies, codos, manos y cuanta parte pudieron picarnos.

Fotografía de la perrita que nos acompañó durante el recorrido a Villa Vieja.

Fotografía de la perrita que nos acompañó a recorrer el pueblo de Villa Vieja.[/caption]Tomamos un desayuno en el hostal por 6.000 pesos que constaba de caldo, huevos batidos, arepa, pan y café, alistamos nuestra maleta y regresamos hacia las 10 de la mañana a Villa Vieja para dar un recorrido al museo paleontológico que tiene un costo de 2.500 pesos la entrada por persona, recorrimos el pueblo hasta el malecón del río Magdalena acompañados por una perrita que decidió ser nuestra guía y terminamos tomándonos un granizado de chulupa en el parque central sentados bajo la sombra refrescante de un árbol.

En esta fotografía imágenes del museo paleontológico, del parque central y del Malecón
Muchas personas deciden pagar el tour dentro del pueblo, el cual incluye el ingreso al museo paleontológico, al museo del totumo, al malecón y otros dos lugares, pero, nosotros no lo vimos necesario.

Así, hacia las 2 de la tarde tomamos la van de regreso a Neiva para continuar nuestro viaje por el Huila hacia San Agustín.

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